domingo, 9 de noviembre de 2025

Running, filosofía y autoconocimiento: una mirada psicológica, literaria y sociológica.

 

“Mientras corres, te vacías de todo y vuelves a llenarte con algo nuevo.”

                                    Haruki Murakami escritor japonés nacido en 1949






 Running, filosofía y autoconocimiento: una mirada psicológica, literaria y sociológica.

     Corro porque me hace feliz y me cambio la vida, corro para superarme, el hecho de levantarse a las a las 04H00’ am de la mañana en punto, con alarma de  nuestro bendito apéndice electrónico de la información llamado “celular” para cumplir con toda la rutina de aseo para finalmente vestirse y calzar deportivamente de colores reflectivos de marcas de ropa deportiva como: Adidas, Nike, Reebook, Under Armor, Champions, ajustar las aplicaciones del smarphone tales como: Adidas running, Strava, Relieve (la del osito), para salir a la calle en un clima gélido como lo es de la serranía ecuatoriana que cala los huesos de los seudodeportistas como yo, ya se ha convertido en la mejor praxis de introspección que hemos podido encontrar hace mucho tiempo.

Esta última década, el running se ha convertido en uno de los fenómenos culturales más representativos del siglo XXI hasta en nuestro medio austral. Más allá de ser una práctica deportiva, constituye un espacio de introspección repito nuevamente, construcción de identidad y expresión subjetiva. Desde la filosofía del cuerpo hasta la literatura contemporánea, la experiencia de correr ha sido interpretada como un puente mágico entre la voluntad, el pensamiento y la autorregulación emocional. Analizar el fenómeno desde perspectivas psicológicas, literarias y sociológicas permite comprender por qué, en corredores de diferentes edades y culturas, el acto de correr se convierte en una herramienta simbólica de transformación personal y psíquica.

En el campo literario, uno de los autores literarios más influyentes que reflexiona sobre la carrera como experiencia de vida es Haruki Murakami, novelista japonés y maratonista aficionado. Su ensayo autobiográfico De qué hablo cuando hablo de correr revela que el running es, para él, una extensión de su oficio de escritor: constancia, silencio interior, cansancio y claridad mental. Murakami observa que, en el proceso de correr, el ser humano se acerca a sus límites físicos y mentales, pero también descubre la forma de superarlos. En una de sus frases más conocidas señala: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Murakami, 2007, p. 12). Esta perspectiva literaria transforma el esfuerzo físico en una metáfora de la construcción subjetiva: el corredor no lucha contra los demás, sino contra sí mismo.

Desde la filosofía, el movimiento ha sido visto como condición de pensamiento. El genio Nietzsche reflexionó profundamente sobre cómo el cuerpo activo estimula la creación intelectual. En Crepúsculo de los ídolos, afirma: “Toda gran idea se concibió caminando” (Nietzsche, 1889/2019, p. 47). Lejos de la imagen del pensador estático, el filósofo defendía el pensamiento en movimiento, la creatividad que nace cuando el cuerpo se desplaza. Para Nietzsche, correr, caminar o ejercitarse es una forma de conexión con la vida, una afirmación del cuerpo y la voluntad. En esta lectura, el running puede interpretarse como una práctica filosófica donde la persona se encuentra consigo misma en un diálogo íntimo: cada paso es un acto de voluntad y cada kilómetro, una victoria sobre la inercia por algo menciona el maestro Luis Eduardo Aute esta frase maravillosa “El pensamiento no puede tomar asiento”.

La psicología moderna ha encontrado evidencia empírica que respalda esa intuición filosófica. La neurociencia del ejercicio ha demostrado que la actividad aeróbica estimula neurotransmisores relacionados con el bienestar emocional, la concentración y el ánimo. Ratey (2008) afirma que el ejercicio físico “no solo mejora la salud fisiológica, sino que fortalece la resiliencia, la autoestima y la autorregulación emocional”, concluyendo que correr es un antidepresivo natural. De esto se desprende que el corredor, al entrenarse, no solo modifica su cuerpo, sino también su mente. Por esta razón, en muchos programas de psicoterapia, la actividad física se integra como estrategia complementaria para el manejo de ansiedad, estrés y estados depresivos.

A nivel sociológico, el running ha adquirido connotaciones culturales y muy simbólicas. No es solo un deporte: es un ritual moderno. La proliferación de maratones, clubes de running, aplicaciones de rendimiento y redes sociales convierte la carrera en una práctica de identidad pública hasta llegar tintes comerciales y económicos, que una carrera cuesta tanto, que esta otra tiene otro precio, etc. Zygmunt Bauman (2007) sostiene que en la “modernidad líquida” el cuerpo se convierte en proyecto personal, algo moldeable y exhibible. El corredor se autopresenta como un ser: disciplinado, resiliente y orientado a la superación personal. Para muchos individuos, participar en carreras populares o entrenarse cada mañana es una forma de pertenencia comunitaria sanadora y, al mismo tiempo, una declaración sobre quiénes son y cómo desean ser percibidos en algunos casos en sus cuentas de redes sociales como: Facebook, Whatsapp, Instangram y Tik Tok por sus seguidores.

La unión de estas perspectivas permite entender por qué correr genera sentido de propósito y transformación. Murakami (2007) sugiere que un corredor aprende paciencia y constancia: cualidades que luego traslada a su vida cotidiana. Nietzsche (1889/2019) interpreta el movimiento como condición del pensamiento libre y creador. La psicología, por su parte, demuestra que correr mejora la salud mental, incrementa la oxigenación cerebral y disminuye la tensión emocional (Ratey, 2008). Y sociológicamente, la cultura del running ofrece espacios de interacción, reconocimiento y construcción de comunidad (Bauman, 2007). El corredor, entonces, se ubica en el cruce entre cuerpo, mente y cultura.

Así, el running deja de verse como actividad meramente física para convertirse en una forma de autoconocimiento. En cada paso hay una conversación, meditación u oración interna; en cada entrenamiento, una lucha contra la pereza, el cansancio o la duda. Correr implica voluntad, pensamiento y emoción. Como experiencia humana, revela que el cuerpo no es la prisión del espíritu, sino su extensión. En la pista atlética del estadio, en la calle o en la montaña, en las orillas de los ríos, el corredor descubre que la vida avanza a su ritmo: algunas veces lenta, otras veloz, pero siempre en movimiento propio, vale recordar esta frase que reza en la filosofía japonesa: que “cada uno de uno de nosotros es nuestro peor enemigo” y vale vencerlo día a día en el corpus de estos “hábitos atómicos” como el running, porque quien conquista su mente, conquista su destino, ya que debemos emergentemente terminar con la herencia colonial de: fracaso, frustración, enfermedad, carencia, traición, pecado, ociosidad, vicio, que llevamos dentro de nuestra psiquis conquistada.

 

Referencias

Bauman, Z. (2007). Vida líquida. Fondo de Cultura Económica.

Murakami, H. (2007). De qué hablo cuando hablo de correr. Tusquets Editores.

Nietzsche, F. (2019). Crepúsculo de los ídolos (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1889).

Ratey, J. J. (2008). Spark: The revolutionary new science of exercise and the brain. Little, Brown and Company.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Running, filosofía y autoconocimiento: una mirada psicológica, literaria y sociológica.

  “Mientras corres, te vacías de todo y vuelves a llenarte con algo nuevo.”                                     Haruki Murakami escritor...